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Soy un migrante (español)

Traduction de l’article en français « i’m a migrant » écrit par mon amie et ancienne coloc porteña Mischa!

Un lunes a la tarde.
Un pesado sol baja la ciudad de Sydney.
Cerca, la playa de Bondi Beach.
Rubios con su tabla de surf esperan la “ola” con impaciencia.
Y con ganas, pero no solamente eso.
Hay asiáticos, muchos, y franceses, muchos.
Hispánicos, no tantos.

Tengo suerte
Probablemente
Mi lugar no es aquí
Volver a construir
Todo otra vez.

¿Eso no cesara nunca?

¿Cómo explicar un contraste tan violento?

La coacción es infructuosa y volver a retomar no me deja de llegar a un Futuro.

No soy de acá es cierto, pero tengo que adaptarme. Llegar aquí me dejó un sabor amargo y una alegría suave también. El vértigo de vivir y no de sobrevivir parece ahora algo que entiendo. Vivir en un sistema que te aspira la médula y los huesos, sólo debilitará tu cuerpo y te hace olvidar los deseos de la vida. Ir al esencial. Tu “Yo” no existe más porque te olvidas del tiempo donde pensabas tus necesidades secundarias.

Tienes que comer.

Ir al supermercado y alimentarse pagando el vacío. Los precios cambian todos los días; hacer una buena elección: si me llevo la leche hoy, ¿será más cara que mañana? ¿Y los huevos? ¿Y los fideos? Mierda no me alcanza. ¿Qué hago? Tomar energía y negociar mi sueldo otra vez. Nada se vende, apenas aumentarme.

Ella viaja por todo el país todo el tiempo, una casa a pagar a treinta años, apenas.

Tú, la miras celosamente. No entiendes más por qué no puedes salir de esa situación.

Entre dos crisis de lágrimas miras tus pobres pesos cayendo entre tus dedos.

Como fuí a llegar hasta allí…

Salir de noche con amigos sí, pero sin gastar nada.

Ese sistema te escapa y hablar de plata, tienes una vergüenza.

Pero, sin eso todo parece bien.

Amigos, si tengo.

Cultura, es una ciudad que te incita a aprender.

Locura, es su cemento.

Salvaje, como su población.

Libre, está tratando de ser.

Libertario, totalmente.

Economía, no hay.

Buenos Aires, cuatro años de libertad y éxtasis.

Cuatro años de ganas.

Cuatro años de transcendencia.

Cuatro años donde me vi crecer.

Cuatro años donde me entendí, por fin.

Cuatro años de sobrevivir también.

En un artículo publicando en el periódico argentino INFOBAE, se dice que la tristeza y la depresión se extiende a los jóvenes de los países los más felices del mundo. ¿Por qué? Según un estudio de la O.N.U., eso afectará la salud mental: tener todo a mano puede provocar trastornos psicológicos importantes y una pérdida de autonomía en el futuro. Los países incluyen Noruega, Suecia, Finlandia, Dinamarca, también Nueva Zelanda y Australia. Es por eso que se habla mucho de presión. No sé de qué tipo de “presión” se está mencionado aquí, pero me sorprende que esté relacionada con el trabajo: la primera palabra que escuchas es RELAX.

Simple, cinco letras para aprender a tranquilizarte. Y todo está bien pensado: trabajar menos para ganar mucho, paisajes magníficos y distintos para aprovechar al máximo, centros comerciales por todos lados (también en el medio del bosque) para encontrar todo y cualquier cosa. Todo parece perfecto para incluir el modelo ideal del perfecto pequeño humano sereno y alegre. El lado escondido de esa utopía será, a mi opinión, esa ausencia de libertad que nos haga pensar que en realidad no existe, porque esa sociedad actual llega a creer que la vida tiene que ser así, puro sobre-consumo de absolutamente todo.

Honestamente, llegando a Sydney, me estaba preguntando que carajo estaba haciendo acá. ¿Empobrecer la población con cosas fútiles, pero tan bien pensadas que parecen esenciales? Nací en Francia en una familia de artesanos modestos. Mi diploma del Secundario aprobado, voy viajando por todo el país para estudiar. Llego a Paris con un contrato de trabajo indeterminado en los medios franceses. Después de tres años de esa vida digamos un toque aburrida, decidí ir a Québec (Canadá) por un año. Allá, la misma constatación: la gente compra y compra… Me voy de vacaciones a México, el choque! por primera vez en mi vida me sentía bien. Claramente que no hablaba bien español todavía. Me fui a Argentina por un contraste menos brutal. Buenos Aires, una mezcla de cultura europea y andina. Mi adaptación era natural. Cuando decidí volver a estudiar no era solamente para poder quedarme en el territorio argentino, hay algo de impalpable y de increíblemente atractivo, ¿no sé si será el maté, esa infusión amarga que te invita a socializar con los argentinos, o el fernet con coca que, junto con las notas del rock nacional te mantiene despierto hasta el amanecer? ¿O el quilombo permanente y tan organizado donde la corrupción, de tan grande, no se puede ocultar?

Tenía que irme. Errores en mi camino, problemas de alquiler y falta de plata.

Llegue a Australia sin ninguna idea de lo que podría hacer. Mi hermano viviendo por allá me garantizó que podía ahorrar bastante e instalarme sin problemas. Primer día, constatación edificante: volví al Primer Mundo y perdí todas mis referencias. Mi adaptación es difícil, esa costumbre de luchar como una loca para llegar a lo que quieres existe, pero tienes que pagar por eso. Así que me activé a buscar un trabajo que no era tan fácil como parece porque Sydney es la ciudad de Australia donde hay menos desempleados. Encuentro uno de vendedora por 100 dólares al día, un poco inestable porque no hay contrato, es día a día. Pero trabajar en un centro comercial es genial para conocer más a la gente que vive por allá. Los australianos son muy amables, pero tampoco les pidas demasiado. Vos que pensabas encontrar solamente surfistas rubios ligereando sobre la ola, ¡perdiste! Australia es un país de inmigrantes donde se mezclan asiáticos, indios de la India, filipinos, indígenas…

Intentan dar la imagen de una mezcla respetuosa pero que a veces deja algunas debilidades, especialmente hay tensiones con los indios (a los que califican de “ladrones”). Sin embargo, un buen ejemplo, los musulmanes viven plenamente de su religión y sobre todo algunos islamistas donde por primera vez crucé mujeres de negro vistiendo con un niqab; casi no podíamos ver sus ojos. Eso me da escalofríos y revuelve mi estómago. En el tiempo de la era feminista (y de la lucha contra los feminicidios que empezó en 2010 en Argentina) tengo todavía mucha dificultad de imaginar que la mujer puede ser y sentirse todavía presentada por una ceguera religiosa en un país tan desarrollando. Y es la misma cosa para las que están seguras de pasar por la superficialidad para que nada las pueden escapar. ¿Tantos artificios por qué resultado al final? Es decir que tengo esa impresión que algunas mujeres necesitan maquillarse mucho y tener ropa un toque vulgar para disfrutarse, que necesitan dejar lo natural para gustarle a alguien y para que se sienten aceptadas en la sociedad que, al final si miras bien las que ponen el niqab y las demás tienen el mismo resultado: se están controlando por un tipo de creencia que no las dejan en libertad. Una dualidad perpetua que llega siempre a un mismo fin.

Los veo un poco perdidos y fríos los australianos, al lado de los latinos: en un sistema demasiado estructurado (existe no alcohol zones en la ciudad), demasiado reflexionando, donde te preguntan por qué razón con treinta años no tengo todavía ni hijos ni trabajo estable (¡espero la casa pronto!), estoy ahogada.

Tuve que irme de América Latina para entender que mi florecimiento personal queda por allá.

Es tan simple tomar consciencia de lo que queremos, ¿pero cuánto tiempo necesitamos para asumirlo?

Mischa Benthé

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